Don Vidal Pérez, “El Cóndor del Lanín”: una leyenda viva en el macizo neuquino
Junín de los Andes.- El imponente volcán Lanín, de 3.776 metros sobre el nivel del mar, guardián eterno de la cordillera neuquina, ha sido escenario de innumerables hazañas y testimonios de coraje. Entre esas historias, se destaca la figura de Don Vidal Pérez, conocido cariñosamente como “El Cóndor del Lanín”, cuya pasión y entrega lo convirtieron en una verdadera leyenda de la montaña.
Hace 53 años, Don Vidal alcanzaba la cumbre del Lanín junto a su sobrina, la reconocida María Angelica “La Negrita” Pérez. Aquella travesía no fue solo una demostración de preparación y resistencia física, sino también un gesto de hermandad y unión que marcó a fuego el recuerdo en la comunidad andina.
La montaña no se conquista a la ligera. Requiere disciplina, conocimiento del terreno, un equipamiento adecuado y una preparación rigurosa, pero también humildad y respeto por la naturaleza. Sin embargo, en aquellos tiempos, los recursos eran escasos y los elementos de montaña, en la mayoría de las veces, eran improvisados.





Soltero, sin hijos, pero con numerosos sobrinos y sobrinos nietos, Vidal Pérez vivió siempre en relación estrecha con ellos y fue reconocido como ejemplo de austeridad, humildad y honestidad.
El propio Don Vidal era un ejemplo de ese espíritu. Con sogas de algodón, grampones fabricados por sus propias manos, mochilas de lona, cuerdas rústicas, borceguís del Ejército Argentino, bombachas de campo, camisa y pulóver como quien va a la oficina, y su inseparable gorro en la cabeza, se enfrentaba a las exigencias del macizo. Tal era su temple que se recuerda una de sus ascensiones al Lanín realizada nada menos que en alpargatas, demostrando que la voluntad y el corazón podían más que cualquier carencia material.
Nació el 16 de enero de 1916 en Caleufú (La Pampa), hijo de Francisco Pérez (español) y Benedicta Zapata (peruana), quienes tenían un almacén. Su nombre: Vidal Pérez. En 1920 la familia se trasladó a Junín de los Andes, y Vidal fue educado en el Colegio de los Salesianos. En su juventud se trasladó a vivir a Roca, donde aprendió el oficio de electricista. En el 38 volvió a Junín de los Andes y se desempeñó como electricista en el pueblo, en las estancias de la zona y en el regimiento del Ejército Argentino
Hombre de montaña en toda su esencia, para él el Lanín no era un desafío distante, sino parte de su vida cotidiana. “Ir al macizo era como ir a su patio”, evocan sus allegados, porque eran frecuentes sus visitas al volcán, siempre con el mismo respeto y admiración hacia esa mole blanca que domina el horizonte.
En 1950, en homenaje al centenario de la muerte del General José de San Martín, emprendió una expedición al volcán Lanín, junto a Benedicto Pérez, su hermano; Rodolfo Guillaumet, comerciante y fotógrafo de la ciudad; el padre Atilio Pompelmayer y algunos militares. Hicieron cumbre y rezaron una misa. Desde ese año y hasta casi el 2000 se constituyó como Guía del Lanín, acompañando gran cantidad de personas.
Vidal Pérez fue destacado por el ejército en varias ocasiones, alcanzando su máximo galardón con el «Cóndor de Oro». El Congreso de la Nación lo distinguió con la mención de «Mayor Notable» en el año 2001 y fue el primer «Ciudadano Ilustre» de Junín de los Andes. En los últimos 10 años de vida sufrió un fuerte deterioro físico, perdiendo la audición y luego la vista. Su gran amigo de montaña y a quién legó su piqueta personal, presente en todos sus ascensos fue el coronel Abel Balda, nacido en Mamuil Malal y fundador de algunas Bases antárticas.

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La historia de Vidal y la Negrita refleja lo que significa el compañerismo en altura: cada paso sostenido en la confianza mutua, cada abrigo compartido ante el frío extremo, cada palabra de aliento cuando el aire se vuelve escaso. En esas jornadas de ascenso, más que la cima, lo que se alcanza es un lazo indestructible con quien camina a tu lado.
Hoy, el nombre de Don Vidal Pérez sigue resonando entre montañistas, pobladores y viajeros que llegan a Junín de los Andes y San Martín de los Andes.
Su legado no se mide únicamente en cumbres alcanzadas, sino en el ejemplo de esfuerzo, fraternidad y amor por la montaña. Por eso, quienes lo conocieron lo llaman con respeto y admiración: “El Cóndor del Lanín”, un espíritu que todavía sobrevuela las alturas del macizo neuquino.
El «cóndor del Lanín», Vidal Pérez, el hombre que completó en 1950 el primer ascenso al coloso de 3.776 metros sobre el nivel del mar, falleció el domingo 19 de julio del 2009 a los 93 años.












