Pasturas en Neuquén: la importancia de la invernada y la veranada en la producción ganadera
La producción ganadera en la provincia del Neuquén se caracteriza por un sistema ancestral que combina tradición, conocimiento del territorio y sostenibilidad: el manejo de invernadas y veranadas.
Este esquema, heredado de generación en generación, resulta clave para la subsistencia de crianceros, estancieros y fiscaleros, y para la preservación de las prácticas rurales que identifican a esta región.
Durante los meses de invierno, el ganado permanece en las invernadas, que son campos bajos con mejores condiciones frente a las nevadas. Allí los animales encuentran resguardo y alimento, lo que permite mantenerlos en buen estado en la época más dura del año.
Con la llegada de la primavera y el verano, los animales son trasladados hacia las veranadas: pastizales de altura que, al quedar libres de nieve, ofrecen abundante forraje natural.
Esta dinámica de trashumancia, que implica recorrer grandes distancias con el ganado, no solo asegura el bienestar animal y el equilibrio ambiental, sino que también refleja la identidad cultural de quienes viven del campo en Neuquén.
Para los crianceros, representa una forma de vida vinculada a la economía familiar y comunitaria; para los fiscaleros, un aprovechamiento de tierras fiscales que sostienen la pequeña producción; y para los estancieros, una práctica productiva que combina tradición con modernización en el manejo de sus rodeos.
El sistema de invernadas y veranadas no solo es una estrategia de adaptación a las condiciones climáticas de la cordillera y la estepa neuquina, sino también una herramienta fundamental para garantizar la continuidad de la ganadería extensiva en la provincia. Así, las pasturas de altura y de valle se convierten en aliadas esenciales para mantener viva una actividad que forma parte de la historia y la cultura de Neuquén.










