A 100 años del registro de Martin Gusinde: la memoria viva del pueblo selk’nam
Tierra del Fuego. – En 1923, el antropólogo austriaco Martin Gusinde retrató a una mujer y a un niño selk’nam en la lejana estepa fueguina. Aquella imagen, tomada hace poco más de un siglo, se convirtió en un testimonio irrepetible: uno de los últimos registros de una cultura que había sobrevivido cerca de 10.000 años en los confines del mundo.
Los selk’nam, también conocidos como ona, se nombraban a sí mismos como pueblo de karukinka, la tierra que habitaban. Su modo de vida era el de cazadores y recolectores nómadas, organizados en clanes y guiados por el consejo de ancianos y chamanes (xo’on), guardianes de lo sagrado. El ritual más importante era el Hain, la ceremonia de iniciación de los jóvenes, en la que mito y realidad se fundían en una representación comunitaria que reafirmaba su cosmovisión.
El siglo XIX marcó el inicio de su tragedia. La llegada de colonos europeos introdujo ovejas, alambrados y enfermedades, pero también una violencia sistemática: se pagaban recompensas por cada selk’nam asesinado, sin distinción de edad ni género. Lo que había sido territorio ancestral se transformó en un obstáculo para la colonización, y el resultado fue un genocidio que destruyó casi por completo su modo de vida.
Las fotografías de Gusinde, tomadas en las últimas décadas de su existencia tradicional, son hoy un retrato conmovedor de lo que estuvo al borde de perderse para siempre: rostros pintados, cuerpos erguidos en medio de la estepa helada y miradas que parecen hablarle al futuro con una advertencia: “no nos olviden”.
Y no han sido olvidados. Aunque diezmada, la comunidad selk’nam no desapareció. Sus descendientes viven en Chile y Argentina, y en los últimos años se han levantado con fuerza para reclamar reconocimiento, derechos y el renacimiento de su identidad.
A un siglo de aquellas fotografías, su historia resuena como advertencia y esperanza: después de siglos de silencio, los ecos del Hain siguen presentes, recordando que aún en la adversidad la memoria de los pueblos puede renacer.










