Una historia que no entra en una foto. El submarino que ven en esta imagen no es una pieza más.
Es un submarino argentino que participó en la Guerra de Malvinas.
Después de torpedear a un buque británico —impactándolo, aunque sin que el misil explotara— fue inmediatamente detectado y comenzó una cacería implacable. La persecución redujo las posibilidades de escape a casi nada.
La decisión fue extrema: descender hasta el fondo del océano, apoyar el casco sobre el lecho marino, apagar completamente los motores y quedarse allí. En silencio absoluto.
Así permaneció 40 días, inmóvil, sin emitir señales, como un pez más en el fondo del mar.
Esa estrategia salvó vidas.
Toda la tripulación sobrevivió.
Hoy, al recorrer las instalaciones de TANDANOR y estar frente a este submarino, uno entiende que no está viendo solo acero y tecnología, sino coraje, inteligencia y amor por la Patria.
Es un honor enorme encontrarse con piezas vivas de nuestra historia, de nuestras gestas patrióticas y del legado de nuestros héroes y veteranos de Malvinas.
Quería compartir esta historia con ustedes.
Un abrazo grande. Que Dios los bendiga.
Viva la industria naval argentina.
Viva Malvinas.










