“La muerte de Jorge Cafrune durante su marcha homenaje a San Martín”
Cuando marchaba a caballo hacia Yapeyú para rendir homenaje al general José de San Martín, el popular folclorista Jorge Cafrune fue atropellado por una camioneta. El cuerpo de quien seguramente fue el mayor cantor popular de música folclórica que ha tenido el país, permaneció demasiadas horas sin atención médica en la amplia banquina de la ruta, hasta que finalmente falleció de un edema pulmonar.
Pocos días antes, en el festival de Cosquín, y haciendo hincapié en que el tema no estaba “en el repertorio autorizado”, a pedido del público había cantado “Zamba de mi esperanza”, prohibida según los criterios dictatoriales. Inmediatamente después interpretó “El orejano”. Según testimonios que se consignan en el informe Nunca Más, tras la presentación en Cosquín su muerte se habría planeado en el campo de concentración La Perla…
Regresa a Buenos Aires a fines de 1977 con el propósito de emprender una de sus giras “de a caballo y por la Patria”. Esta vez la intención del cantor era brindar un homenaje a San Martín, en el bicentenario de su nacimiento, uniendo la capital federal con Yapeyú. Allí pensaba depositar una urna con tierra traída desde Boulogne Sur-Mer. Antes de partir, desde la Catedral Metropolitana, habría tenido un altercado con un grupo de civiles sin identificar que se oponen a que cumpla ese objetivo.
Conviene recordar que la junta militar en el poder había preparado una ostentosa celebración para el 25 de febrero en Corrientes bajo la consigna “San Martín ha sido y tiene que seguir siendo símbolo de paz y de unión entre todos los argentinos”. La presencia de un artista contestatario, adverso a la política procesista y con enorme llegada entre las clases populares de todo el país hubiera empañado en cierta forma aquellos fastos dispuestos con tanto celo por la dictadura.
Un testigo presencial, Fino “Chiquito” Gutiérrez, su compadre y acompañante, afirma que Cafrune marchaba esa noche de vera bonaerense, contra su costumbre, sobre la banquina de la ruta.
Llevaba en la montura un farol que daba cuenta de su presencia. De pronto, en la intersección de la ruta 27 y la calle Tirso de Molina, en jurisdicción de General Pacheco, una camioneta irrumpe por detrás y embiste violentamente a Gutiérrez. Éste cae hacia atrás sobre el pavimento, mientras su caballo, impulsado por el impacto, es proyectado hacia delante, sobre la cabalgadura del cantor, que rueda pesadamente en tierra. El conductor huye velozmente mientras Cafrune, que ha golpeado con su cabeza sobre el piso, ha quedado inmovilizado y con un agudo dolor a la altura de los pulmones.
Un automovilista se ofrece a conducirlo al hospital más cercano, donde, según se comenta, se niegan a atenderlo por órdenes superiores. Otra versión, oficial, afirma que los bomberos se encargaron de trasladarlo hasta una sala de primeros auxilios en Benavídez, la que no contaba con los medios necesarios para tratarlo debidamente.
Entonces se dirigen al Hospital Municipal de Tigre, donde, luego de diagnosticar un cuadro desesperante con varias costillas rotas, hundimiento de tórax y politraumatismo de cráneo, los médicos aconsejan su derivación al Instituto del Tórax de Haedo, con el fin de ser operado. En esas idas y vueltas habían transcurrido más de dos horas. Finalmente, en la ambulancia que lo transportaba, a la altura de Vicente López, el cantor deja de existir. Era la madrugada del 1º de febrero de 1978.
La urna con tierra de Boulogne Sur Mer, desapareció y nunca fue encontrada.
Comenta su biógrafo Héctor Ramos: “En el libro de la CONADEP existe una mención concreta sobre la muerte de Cafrune ordenada por encargo e integra el sumario que se sigue por la desaparición, tortura y muerte de personas en la Argentina durante la represión”.
Extracto de una biografía de Juan Carlos Jara – Los Malditos – Volumen IV – página 40
Ediciones Madres de Plaza de Mayo
La muerte de Jorge Cafrune interrumpió una marcha, pero no un legado. Aquel viaje a caballo hacia Yapeyú, pensado como homenaje a San Martín, quedó inscrito en la historia como un gesto profundamente argentino: andar el país, cantar su memoria y unir pasado y presente. Cafrune no llegó a destino, pero su voz quedó en el camino, allí donde la patria se reconoce más en el andar que en las palabras.





Publicado: Pensamiento Discepoleano
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