“Soy como los gatos, tengo siete vidas”: Laurita Espinós y el coraje de volver a aprender a vivir después del cáncer

En Junín de los Andes está Luara Espinós. Maestra jardinera de alma, amante de las plantas, de los niños, del juego, del canto, del baile y del abrazo. Una mujer de nuestra comunidad que siempre pensó en los demás, hasta que le tocó pensar en ella.
Luara atravesó el cáncer de mama. Y hoy puede mirar hacia atrás y contar qué significó realmente ese camino.
Hoy quiero contar una historia que va mucho más allá de una enfermedad.
“Una mujer que tuvo miedo, que seguramente también se enojó, que se rió, que lloró, que tuvo días buenos y días horribles. Es que después de todo eso tuvo que volver a aprender a vivir”, dice al comenzar.


Su testimonio es crudo y luminoso a la vez.
De la Luara de antes, extraña lo físico: “Extraño ser ágil, el poder moverme con más facilidad, que no me duela tanto el cuerpo, que me sienta con mucha energía. Eso extraño mucho. A veces no me reconozco porque también cambió mucho mi físico, mi cara, mi pelo”.
De la Luara de ahora, rescata el carácter: “Tomé mucho más coraje, no permito ciertas cosas, soy más frontal, las cosas llegan hasta un límite y hasta ahí quedan. Siempre a través del respeto y del hablar, pero pongo un límite cuando antes no lo hacía”.
Como muchas mujeres y también hombres que transitan esta enfermedad en Junín y en todo el país, Luara pone en palabras lo que no se ve: la burocracia.
“Lo burocrático es lo que más a veces complica las cosas. Especialmente para las personas que no tienen obra social. El pelear por la medicación, el pelear por un lugar para descansar, el saber si hay una cama disponible, el saber que vas a llegar al día de la quimio y vas a tener tu medicación. Son muchos papeles. Es muy engorroso a veces no tener las energías”.
Y el tiempo. Porque el cáncer no es un año. “Nosotros vamos pasando por el tercer año y seguimos con todo el tramiterío, con los turnos. Hay que tener mucha paciencia. Pensar que no va a ser cortito. Es el día a día. No apurarse, no acelerarse”.
En este Octubre Rosa, donde suena fuerte la prevención y el diagnóstico temprano, su mensaje no es desde el manual, es desde la vida vivida.
“Siempre hay miedos porque el cáncer siempre fue sinónimo de muerte. Entonces siempre hay miedo y se festeja todo el proceso. Yo lo festejé con mi familia, con Juancito, con Bonita. Hacíamos una quimio y se festejaba, se hacía la punción y se festejaba. Porque eso quería decir que yo tenía la posibilidad de hacer el tratamiento”.
Si hoy pudiera abrazar a esa Luara que recibió el diagnóstico, la abrazaría súper fuerte y le diría: “Vos vas a poder, vas a tener mucha compañía y confía que Dios está con vos”.
Y a todos nosotros nos deja su deseo más simple y más grande:
“Que se acuerden de mi alegría, de mi optimismo y de que yo siempre, siempre, siempre amo y amé la vida. A costa de cualquier cosa, siempre. Soy como los gatos, tengo como siete vidas. Me han pasado muchas cosas y yo siempre para adelante porque amo la vida. Sé que me merezco algunos años más para compartir con mi marido, con mi familia, con los que amo”.
“Yo siento que no me falta nada y no me sobra nada. Soy feliz con lo que hice. Amé la docencia y la amaré toda la vida”.
Octubre es el mes rosa. Pero historias como la de Luara son las que nos recuerdan por qué hablamos de prevención los 365 días del año.
Gracias Luara por permitirnos conocer esta parte de vos. Vos acordate que esto es parte del paisaje. Un día se va a ir y ni te vas a acordar.
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Fuente: @apartdryfly #









