Alison Calfunao regresó a Neuquén y pide justicia tras sobrevivir a una cirugía que le cambió la vida

Después de más de cuatro meses de internación y una lucha que conmovió a toda la provincia, Alison Calfunao volvió a pisar suelo neuquino. Llegó este viernes por la tarde junto a su esposo y sus hijos, en un emotivo reencuentro cargado de lágrimas, abrazos y girasoles. Su regreso simboliza no solo una victoria médica, sino también un testimonio de resiliencia y búsqueda de justicia frente a un sistema que —según denuncia— la abandonó cuando más necesitaba cuidados.
“No sé de dónde saqué fuerzas. Mis hijos fueron todo. Lo único que pido ahora es justicia. Estoy viva y la voy a hacer yo”, expresó entre sollozos al llegar al aeropuerto de Neuquén, donde familiares y vecinos la recibieron con aplausos.
De una cirugía de rutina a una pesadilla
El 9 de junio, Alison ingresó a la clínica San Lucas para realizarse una ligadura de trompas, un procedimiento ambulatorio y de bajo riesgo. Sin embargo, lo que debía ser una intervención sencilla terminó en tragedia: sufrió dos paros cardíacos en el quirófano y debió ser trasladada de urgencia porque el centro médico no contaba con terapia intensiva.
Pasó por varias instituciones —San Agustín, Pasteur y finalmente el Hospital Italiano de Buenos Aires—, donde fue sometida a múltiples operaciones. Las complicaciones derivaron en una trombosis que obligó a amputar su pierna derecha, y dos días después, en un trasplante de corazón que le salvó la vida.
“Lo que debía ser un día de cuidado para mi salud terminó en una pesadilla. Hoy dependo de medicación y controles de por vida, pero voy a hacer lo posible por mi justicia penal y social”, publicó en sus redes sociales, donde su historia se volvió símbolo de fortaleza.
Una vida que volvió a empezar
A pesar de las secuelas, su espíritu permanece intacto. Dejó la silla de ruedas atrás y decidió llegar caminando a Neuquén, cumpliendo una promesa que se hizo a sí misma durante la rehabilitación. “Dije: voy a salir caminando”, relató con orgullo.
Su casa está siendo adaptada para recibirla y continuar el tratamiento. “Voy a disfrutar de mi familia, de cada uno de ellos. Fueron mi pilar para levantarme todos los días”, dijo emocionada.
Una madre resiliente
Entre terapias y controles médicos, Alison sigue adelante, sostenida por su familia y una comunidad que no dejó de acompañarla.
“Gracias a Dios estoy viva y acompañada de mis tres hombres, que no dejan que decaiga. Como dije en una nota, de acá salimos caminando los cuatro juntos”, escribió, cerrando su mensaje con esperanza.
Su historia es una lección de vida: de la oscuridad más profunda surgió la fuerza de una madre que se niega a rendirse. Hoy, Alison Calfunao no solo volvió a casa; volvió para exigir justicia, inspirar y demostrar que la resiliencia también es una forma de luchar.

Fuente: RTN










