Bajo el lodo y entre la solidaridad: La Iguaná deja 516 damnificados en Medellín

La noche del viernes 9 de octubre no fue una lluvia más para el occidente de la ciudad. La quebrada La Iguaná creció de golpe, se desbordó y arrastró agua, lodo y escombros directo a las casas de Nueva Villa de La Iguaná, en el sector El Pesebre, comuna 7 – Robledo.
El balance más reciente, entregado este sábado 10 por el alcalde Federico Gutiérrez, habla de una emergencia de gran magnitud: 187 familias afectadas, equivalentes a 516 personas. En la madrugada eran 89 familias, pero el censo social siguió creciendo con el correr de las horas.
En el epicentro del desastre, la fuerza del agua provocó el colapso de tres viviendas y dejó a decenas de hogares anegados. Las familias vieron cómo el barro entraba sin permiso a cocinas y dormitorios. Algunas debieron autoevacuarse y otras seis viviendas fueron evacuadas de forma preventiva por riesgo estructural.
Desde entonces, el barrio funciona alrededor de un Puesto de Mando Unificado instalado en la Junta de Acción Comunal. Allí, la Alcaldía desplegó más de 140 personas de diferentes entidades para atender la emergencia desde el PMU.
La tarea es doble: contener y acompañar. Los equipos sociales identificaron entre los damnificados a niños, adultos mayores y personas con necesidades especiales, que recibieron kits de noche, aseo, gestión de albergue temporal y apoyo en salud mental. Mientras tanto, cuadrillas de limpieza trabajan sin pausa para devolverle las calles al barrio. Hasta ahora se han retirado más de 110 metros cúbicos de residuos voluminosos y 60 metros cúbicos de lodo.
La emergencia de La Iguaná no fue la única. Las lluvias intensas dejaron en Medellín un reguero de incidentes: árboles y postes caídos, inundaciones puntuales y serios problemas de movilidad.
Las autoridades mantienen la zona bajo vigilancia. La quebrada ya bajó de nivel, pero el suelo sigue inestable y el pronóstico de más lluvias mantiene el riesgo de nuevas crecientes y deslizamientos. El llamado es claro: no acercarse a las quebradas, evitar zonas inestables y reportar cualquier emergencia al 123.
Entre el barro, lo que hoy sostiene a Nueva Villa es la red vecinal. Vecinos sacando agua con baldes, compartiendo colchones y esperando, con los pies en el lodo, poder volver a casa.









