Hilo, amor y autonomía: en el Día de la Costurera, tres historias que cocieron y cosen la vida misma

Hoy, 14 de octubre, se celebra en Argentina y en gran parte del mundo el Día Mundial de la Costurera. La fecha no es casual: en 1675, el Rey Luis XIV de Francia creó el primer gremio de costureras en París, ante la creciente demanda de prendas a medida. Con el tiempo, la jornada se instaló como un homenaje a quienes, con aguja e ingenio, visten a la humanidad. Un oficio milenario que, como explican los historiadores, fue una de las primeras actividades que le permitió a la mujer obtener dinero propio, sin dejar de hacerse cargo de la casa y los hijos, para convertirse luego en una verdadera herramienta de autonomía económica.
En esta fecha queremos celebrar a todas, pero especialmente a tres mujeres que representan esa historia: María (+), Liliana y Liliana.
María, la primera costurera de nuestra familia, (mi madre)
María fue la primera modista de nuestra familia. Y fue madre, esposa, ama de casa, todo a la vez y sin quejas.
Con moldes recortados de revistas, con equivocaciones, con hilos que se cortaban y con alguna prenda que quedaba con algún error, ella hacía magia. Nos hacía a mí y a mis hermanas las soleras, los vestidos, los pantalones y las remeras. Para un cumpleaños, para un acto de la escuela, para un evento, siempre había un vestido nuevo. ¿De dónde? De retazos que conseguía en las casas de telas. De esos pedacitos que otros desechaban, ella sacaba una camisa distinta para salir el fin de semana, o achicaba una que ya quedaba grande para acomodarla al cuerpo.

Se levantaba temprano con su esposo, nuestro padre, Roberto (+), le preparaba unos mates antes de que se fuera a trabajar, nos levantaba a nosotros para ir a la escuela, limpiaba la casa y para el mediodía tenía la comida lista para todos. Nunca demostró cansancio. Nunca una queja, en medio de eso ratos se sentaba en su GODECO para hacer magia con su imaginación y lo que le daba cada puntada de su maquina de cocer.
María nos dejó físicamente en 2009. Pero hasta sus últimos días, coqueta como era, seguía haciendo algunos trabajitos para ella misma. Cada puntada que dio fue hecha con mucho amor. Hoy la recordamos y la homenajeamos como lo que fue: el tronco de donde nació el amor por la costura en casa.
Las Lilianas que mantienen vivo el oficio en el norte santafesino
La historia de María se replica, con nombre propio, en cientos de talleres hogareños.
En la zona rural de Reconquista, a unos 30 km por la Ruta 96S, en la zona urbana de La Sarita, Santa Fe, está el taller de Liliana Cusit. Desde su casa, entre el campo y la ciudad, realiza todo tipo de composturas, confección de ropa nueva y alta costura. Es el punto de apoyo de toda una comunidad rural que no siempre puede llegar a la ciudad para arreglar una prenda.



En Avellaneda, provincia de Santa Fe, en el Barrio Libertad, sobre la Calle 303 N° 691, trabaja Liliana Zamer. En su taller hace realidad cada idea que le traen sus clientes. Desde una simple reparación hasta confección a medida y alta costura. Su lema es: una clienta trae una idea y se lleva esa idea hecha realidad. A Lili, la podes encontra en sus redes https://www.instagram.com/zamerlili?utm_source=qr&xtok=OTE5OWNyMzhhbnNp



Dos Lilianas, dos emprendedoras, dos mujeres que, como María ayer y como miles hoy, sostienen con sus manos un oficio que no pasa de moda.
Porque detrás de cada ruedo, de cada cierre cambiado, de cada vestido de fiesta, hay una mujer que eligió coser para salir adelante. Que aprendió a base de prueba y error, que transformó retazos en orgullo.
Feliz día para las costureras, modistas, o como prefieran que se las llame. Gracias por coser nuestra historia.









