Brasil opta por la continuidad: Lula retiene el Planalto por 51,76% y deja a Milei en offside diplomático tras su apuesta por Flávio Bolsonaro

Brasil votó este domingo 25 de octubre en un balotaje de máxima polarización. De acuerdo a la gráfica que circuló en la noche del escrutinio, Lula (PT) logra la reelección con 51,76% frente a 48,24% de Flávio Bolsonaro (PL).
El dato sorprende porque invierte lo ocurrido el 5 de octubre. En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro se había impuesto con el 47,03% de los votos al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, forzando una segunda vuelta el 25 de octubre con Lula en 45,16%. El balotaje se presentó, desde entonces, como un plebiscito regional entre dos modelos, con Donald Trump y Javier Milei como parte activa de la campaña del candidato del PL.
La campaña estuvo marcada por la injerencia explícita de la Casa Rosada. Desde la Quinta de Olivos, Javier Milei siguió de cerca el desarrollo de las elecciones y respaldó explícitamente a Flávio Bolsonaro en su disputa contra Lula, a quien considera su amigo personal y a quien ya había felicitado tras la primera vuelta como “querido amigo” con un mensaje de ” La Libertad Avanza en Brasil. Felicitaciones, querido amigo Flávio Bolsonaro, por esta histórica elección ante el comunista de Lula”.
Milei jugó fuerte y ahora paga el costo
El apoyo no fue solo simbólico. A cuatro días de las elecciones, Milei volvió a calificar a Lula de “ladrón”, y en cada intervención pública planteó que esperaba “pronto podamos empezar a trabajar juntos para que la Argentina y Brasil sigan siendo grandes socios comerciales, culturales y políticos” con Bolsonaro.
Esa apuesta tiene consecuencias diplomáticas directas si se confirma la victoria de Lula que muestra la imagen:
- Cómo perjudica a la Argentina:
- Congelamiento político: La pelea pública entre Milei y Lula escaló al punto del retiro del embajador brasileño en Buenos Aires, reduciendo la presencia diplomática apenas a un Encargado de Negocios. Con Lula reelecto y tras los insultos de campaña, ese canal seguirá cerrado. • Mercosur trabado: Milei impulsa reducir barreras comerciales, revisar el Arancel Externo Común y dar más flexibilidad para cerrar acuerdos con terceros mercados. Brasilia, bajo Lula, es el principal freno a esa reforma. Sin afinidad, la cumbre de Montevideo del 4 de diciembre nace muerta. • Costo interno: Una victoria de Lula es leída en Buenos Aires como un triunfo del progresismo. El kirchnerismo y aliados de Kicillof lo festejarán como propio, polarizando aún más la escena local.
En el escenario inverso -si hubiera ganado Flávio- el Gobierno argentino proyectaba otra cosa: consolidar lo que denomina la “ola azul” en la región, con una docena de líderes conservadores y “una cooperación mayor entre Argentina y Brasil” por el vínculo ideológico.
- Cómo puede favorecer, paradójicamente:
- La autonomía del business: Pese a la hostilidad, el año pasado el intercambio comercial entre ambos países siguió creciendo, llegando a los 29.000 millones de dólares. Analistas y la propia Cámara Argentino-Brasileña coinciden en que “la relación empresarial tiene autonomía y una resiliencia considerable frente al ciclo político”. El paradigma es “business are business”. • Obligación de pragmatismo: Un Lula reelecto obliga a Milei a bajar el tono ideológico y volver a una diplomacia profesional. Brasil sigue siendo el principal socio comercial de Argentina y su principal mercado para manufacturas industriales y economías regionales. El déficit ya se está corrigiendo en 2026, lo que da margen para una tregua. • Equilibrio regional: Para parte del establishment, un Brasil con Lula evita que Argentina quede encerrada en un eje ideológico ultra-conservador junto a EE.UU. e Israel, y mantiene abierta la puerta a negociaciones con la UE y China, donde Brasil es el interlocutor clave del Mercosur.
En síntesis, la imagen del 51,76% para Lula confirma que Brasil eligió estabilidad sobre ruptura. Para Argentina, la mala noticia es política: Milei apostó todo a Flávio Bolsonaro y perdió. La buena noticia es económica: la historia demuestra que cuando Brasil estornuda, Argentina se resfría, con o sin abrazo presidencial.









