100 años sembrando futuro en la estepa: la Escuela Albergue N° 51 de Pilolil celebró su centenario

Pilolil.- Hay escuelas que son edificios. Y hay escuelas que son patria. La Escuela Albergue Rural N° 51 de Pilolil pertenece, sin dudas, a las segundas. Esta semana cumplió 100 años y lo celebró con un acto cargado de emoción, historia y comunidad.
Desde las 08:45, personal de la División Brigada Rural y Abigeato Zona Sur y su jefe el Comisario Guerrero Pedro, junto al Destacamento Pilolil, acompañó y participó del festejo, en una muestra más del vínculo profundo entre la institución policial rural y los parajes.
El acto reunió a la supervisora Zonal, Margoy Maita; a la directora provincial de Primaria, María Luisa Fuentes; al presidente de la Comisión de Fomento, Andrés Infante; al vicepresidente de la Sociedad Rural del Neuquén, Ing. Bertil Hoepke; al administrador de la Estancia Pilolil, Guillermo Miñeri; personal del GAM 6 del Ejército Argentino, equipo psicosocial del Hospital de Junín de los Andes, equipo EAPTSE, la agente sanitaria Silvina Ocares, exdocentes, exalumnos, estudiantes, familias y vecinos.
Pero más allá del protocolo, lo que se celebró fue una historia de arraigo.
Como recuerda uno de sus maestros en un emotivo video que circula en redes, Pilolil es “hermosa comunidad, donde la vida y las personas me obsequiaron tanto”. La gente llegó allí hacia 1900, proveniente de Nueva Imperial, cerca de Temuco, Chile, “con sus trabajos, sus sueños, sus herramientas, sus oficios; con la ilusión de ser felices con la familia y la tierra de ese lugar nombrado ‘La Pistola’, tiempos en que las fronteras eran menos que los deseos”.
La memoria guarda postales imborrables: cuando por las distancias los maestros Alejandra y Hernán abrieron un albergue en su propia casa; cuando se autorizó un anexo en El Rincón, en el local prestado de una iglesia evangélica, para que 15 chicos que caminaban largos trechos pudieran estudiar; cuando Don Beño Figueroa volteó su mejor álamo para que la escuela tuviera mástil, y al otro día Don Herminio llegó con sus bueyes, El Tengo y El Bandera, para plantarlo. “Le arrimamos una escalera y todos los días de ese año completo un estudiante la subía con la bandera en la mano”, cuenta el relato.
Historias de balseros, canciones con Israel, libros con lagartijas y matuastos, el Caballo Partido, Marcos Parra, Lucy, Don Hilario… “Fui de maestro y me tocó aprender. O en el mejor de los casos vivir la máxima de Freire de ‘todos enseñamos y todos aprendemos’, aunque les aseguro que más fue lo segundo”, resume.
Cien años después, la Escuela N° 51 sigue siendo ese lugar maravilloso donde “lo mejor de lo posible no solo es justo lo que se debe hacer, sino que también es lo imprescindible”.
¡Feliz centenario, Escuela de Pilolil!
























